Los beneficios para la salud que aporta el Aceite de Oliva son bien conocidos desde la antigüedad. Ya Hipócrates, Galeno o Dioscórides redactaron tratados sobre ello
El Olivo, árbol milenario de la sabiduría y de la paz, ha sido adoptado por la raza humana como fuente de riqueza y alimento desde hace milenios. La historia del Olivo hunde sus raíces en el tiempo hasta el mismo origen de la agricultura en las primeras civilizaciones del mediterráneo y el oriente próximo.
El olivo silvestre o acebuche es un árbol común en el cercano oriente y en el entorno mediterráneo. El inicio del cultivo del olivo se sitúa en oriente medio y próximo, aunque no se puede afirmar con precisión el área geográfica dónde comenzó a cultivarse, tal vez porque simultáneamente se hizo en varias regiones donde la vida sedentaria asentó la cultura agrícola y con ella sus tres pilares principales: los cereales, el olivo y la vida.
El cultivo del Olivo se encuentra en los orígenes de las culturas fenicia, asiria, judía, egipcia y griega. Los primeros documentos escritos sobre el olivo que se conocen son unas tablillas micénicas en barro, procedentes del reinado del rey Minos (2500 años a. C.) que dan testimonio de la importancia del aceite de oliva para la economía cretense.
Con toda probabilidad los Fenicios propiciaron su expansión a través de las rutas comerciales por las islas del mediterráneo oriental como Chipre, Creta, las islas del mar Egeo, extendiéndolo a territorios de la actual Grecia, Italia y el extremo occidental en la actual Península Ibérica.
Se tienen referencias que los egipcios importaban aceite de oliva de Siria y Palestina a través de Cananea. Así mismo el olivo, sus ramas y su fruto, aparecen en multitud de jeroglíficos.
En la Biblia se encuentran unas cuatrocientas menciones al olivo o a su aceite. Era la base del ungüento de la unción y la luz que iluminaba la oscuridad de los templos y hogares. La ramita de Olivo que portaba la paloma de Noé y que le indicó el fin del diluvio Universal y la oración de Jesucristo en el monte de los olivos son dos ejemplos muy representativos de estas menciones bíblicas.
La mitología griega es rica en leyendas y menciones al olivo, Dioses como Atenea, Hércules, o los juegos olímpicos tienen al olivo, sus ramas, hojas y su fruto como protagonista. Las primeras referencias documentales al olivo son griegas
El gran florecimiento del cultivo del olivo vino aparejado con la expansión de todas las culturas. Ya fueran los fenicios o los griegos quienes implantaron su cultivo en la Península Ibérica, lo cierto es que tanto romanos como árabes ya se encontraron las plantaciones extensamente cultivadas por los pueblos íberos.
Sin embargo, la gran expansión y mejoramiento de su cultivo se debió a los romanos, quienes lo llevaron a todas sus colonias, donde podía desarrollarse. Su cultivo alcanzó importancia a partir de la llegada de Escipión (211 a. C.). Durante la era romana, el comercio del aceite obtenido de los olivos de Hispania se extendió por todo el mundo romano occidental. Así lo acreditan los abundantes restos de las ánforas con marca de la Bética, utilizadas para su transporte a lo largo de los grandes ríos europeos: Ródano, Garona, Rin y Alto Danubio
Desde la expansión del Imperio Romano, el olivo, ha quedado vinculado al mar mediterráneo y ha sido cultivado ininterrumpidamente hasta nuestros días. Todos los pueblos que han ocupado el mediterráneo han aportado cultura, regadío y otras tecnologías al cultivo del olivo y la extracción del aceite, haciendo de él un producto de uso habitual y una mercancía principal en los intercambios comerciales de todas las épocas.
Leyendas como la fundación de Atenas en Grecia, o el monte Testaccio de Roma tienen el olivo y el aceite de oliva como protagonista. El Olivo es el árbol que representa la paz, el signo del fin del diluvio universal en la Biblia y uno de los seres vivos con más longevidad: Cientos de años, y en algunos casos más allá del milenio.
Los romanos, atendiendo al conjunto de atributos y matices relacionados con la calidad suprema o premium del aceite, indicaban que el mejor aceite de oliva posible se conseguía cuando las olivas están todavía verdes. Lo que denominaban “oleum ex albis ulivis”, el preciado zumo romano procedente de oliva completamente verdes, más amargo, picante y frutado, reservado exclusivamente para ceremonias sagradas, medicina y paladares reales. Y claro está, dentro de éstos, el mejor de todos y de mayor calidad era el “oleum primae pressurae”, el aceite de primera prensada en frío, el que se obtenía de la forma en la que se conseguía la mayor cantidad posible de polifenoles de olivo (antioxidantes naturales del aceite de oliva responsables de su toque amargo y picante).

